En
la medida en que una sociedad se
desarrolla aumenta la necesidad
de comunicación. Todos los
días las personas enviamos
y recibimos millones de mensajes,
que nos son útiles, porque
a través de ellos compartimos
información, tenemos argumentos
para transmitir y tratar de convencer
a otros de nuestros puntos de vista,
pero ante y por sobre todo para
entendernos los unos a los otros
a lo largo y ancho del mundo.
Tanto
hombres como mujeres deseamos por
medio de la palabra oral o escrita,
enviar mensajes y por supuesto ser
escuchados. Sin embargo, siempre
tenemos la gran ansiedad de que
esos mensajes sean claros, entendibles,
directos, concretos, y, que expresen
lo que realmente sentimos, o pensamos.
En suma queremos hacerlo bien.
Para
muchos entendidos la expresión
escrita constituye nuestro medio
de comunicación por excelencia,
es decir, que en este punto de la
redacción de nuestras ideas,
pensamientos y sentimientos, depende
en gran medida la tan ansiada comunicación.
Esto nos lleva a asegurar que si
no sabemos redactar, o no lo hacemos
poniendo todo nuestro empeño,
nuestra comunicación será
deficiente y en los casos más
graves, carente de ese fondo y forma
que queremos darle. Nunca olvidemos
que nuestro buen uso del lenguaje
tanto oral como escrito es una especie
de tarjeta de presentación,
que habla de nosotros, dice quienes
y hasta cómo somos.
L.T.D.
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